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Vietnam
El expreso de la Reunificación

Joan Biosca

 

El Expreso de la Reunificación no es romántico como el Orient Expres o mítico como el Transiberiano. Sus vagones no han transportado escritores buscando inspiración para sus novelas de misterio; ni aristócratas camino del  exilio estepario. El “Transindochina”, como fue bautizado por la Metrópoli francesa el pasado siglo, ha cargado siempre con la ingrata labor de servir de símbolo a la construcción de un país en perpetua remodelación.

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Se pavonea como un veterano de guerra, aullando al cruzar por aldeas adormiladas, en los pasos a nivel, a orillas de los viejos búnkeres antiaéreos que aún permanecen en pie; lo hace porque sí, por sí acaso; Como si esperase una nueva andanada de proyectiles para adornar con más cráteres su camino. Trota cansinamente desde Hanoi a Ciudad Ho Chi Minh sobre 2000 Km. de vías oxidadas, arrastrando cien años de historia a 30 Km. por hora.

Rompe estrepitosamente la serenidad de un paisaje verde, bucólico y húmedo, salpicado de escenas salidas de una imagen de daguerrotipo de la época colonial; o cruza a escasos metros de las casas que se apiñan en los márgenes de las estaciones y, curiosamente, no altera la vida ni a los búfalos que retozan en los encharcados arrozales, ni a quienes comparten cena y tele en el salón.

Es un tren que da la impresión de haber nacido viejo, pretendía ser la columna vertebral de los intereses coloniales franceses en la región y acabó siendo el estandarte de la normalización de Vietnam tras la última guerra. Con toda la línea bombardeada y saboteada equitativamente por cuantos bandos se han enfrentado sobre sus raíles, el Expreso de la Reunificación tiene más aspecto de soldado con demasiadas batallas en la memoria que de símbolo colonial o patriótico.

En vagones decrépitos, viajados por descuideros voraces, patrullados por policías de mirada glacial y controlados por interventores con rictus de úlcera en el rostro; El pasajero vietnamita no se acomoda, se instala con la sabiduría de quien sabe que en el interior del Expreso el tiempo no existe. Con la nariz enterrada entre las páginas de un periódico atrasado, repantigado con la despreocupación de quien está en el salón de su casa, charlando compulsivamente con el primero que se pone a tiro; el pasajero vietnamita tiene más aspecto de residente que de viajero.

El trayecto Hanoi-Ciudad Ho Chi Minh es un viaje a cámara lenta por el corazón histórico de Vietnam. Casi 2000 Km. atestados de leyendas e historia. El Mar de China y las montañas del interior ponen el decorado, ciudades como Hué, Hoy An y Nha Trang narran las historias, lejanas y próximas, que marcaron el destino del país.

 

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