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Saharauis: Luz y sombra de un exilio
Texto y fotografías de David Martínez

Los sin tierra

Los Saharauis viven exiliados en el desierto de Tindouf desde hace más de 30 años, condenados a un destierro que parece eterno, instalados en la precariedad, en mitad de la nada y sobreviviendo gracias a la ayuda humanitaria. A pesar de ello, son un pueblo sociable que vive la religión musulmana de una forma abierta, sin radicalismos, y que es conocido por tratar al extranjero como a un invitado, a pesar de que sus habitantes son las víctimas sin voz de uno de los conflictos más antiguos y polémicos de la historia de África. Una historia en la que España tiene mucho que ver, por haber sido la colonizadora de ese pedazo del continente africano.

En Tindouf las gentes parecen vivir ajenas a casi todo en la quietud del desierto, pues la larga espera de algo parecido a una patria les ha convertido en uno de los pueblos más pacientes del planeta. Hay niños que juegan por todas partes, felices y con lo puesto, con la única exigencia de recibir algún caramelo por parte del visitante ocasional, quedándose fascinados por su cámara fotográfica. Hay también siluetas de mujeres fugaces con coloridas vestimentas difuminadas en el calor del desierto, ancianos tumbados a la sombra con sus rostros curtidos por el sol, escenas familiares que destilan paz y armonía. Tras varios días observando y tomando imágenes de sus caras y sus vidas,   nadie diría   que   los    protagonistas    de    estas

fotografías llevan desde 1976 viviendo en uno de los lugares más áridos del planeta, en un ingrato e interminable pedregal en el que han sido colocados por la fuerza. Que esos niños nunca han visto un parque, que esas mujeres hacen sus necesidades en el desierto a la vista de todos porque en sus “haimas” (sus precarias viviendas) no hay letrinas. Que la subsistencia de este pueblo desarraigado depende totalmente de la ayuda humanitaria, ya que no poseen ni comercio, ni industria, ni dinero, ni patria.

Con un simple paseo por los campos de refugiados saharauis se puede constatar la gran presencia de proyectos humanitarios financiados por ONG's e instituciones españolas para la mejora de las condiciones de vida de este improvisado pueblo. Entre ellas se encuentra la ayuda que proviene de Mallorca a través de la ONG Amigos del pueblo Saharaui de las Islas Baleares, una organización que posee delegaciones en todo el país.

Integrarse en un proyecto humanitario y viajar a los campos de refugiados resulta bastante fácil, pues el vuelo es económico y las conexiones vía Mallorca aceptables. El idioma en Tindouf tampoco es problema, pues tras el hasani, el castellano es la segunda lengua del Sáhara. Una vez llegado al desierto, lo más probable es que los saharahuis te estén esperando en el aeropuerto con una sonrisa, un coche y el ofrecimiento de una habitación compartida con otros cooperantes en los campamentos, con electricidad y agua corriente, situada en el conjunto de haimas al que llaman "protocolo", en donde puedes hospedarte y comer a cambio de la voluntad. Está bien organizado, pues la afluencia de cooperantes de todo el mundo en Tindouf es asombrosa, ya que son muchas las organizaciones que realizan proyectos de cooperación en la zona. Una vez pasada la frontera argelina, y ya sobre el terreno, el ambiente es sorprendentemente amable, pues no hay haima donde no te inviten a tomar té y a compartir sus escasos alimentos.

El pueblo paciente

El destino del pueblo saharaui, que ha tenido que aprender a vivir refugiado en medio del desierto, no avanza, enredado como está en una maraña diplomática, pues Marruecos mantiene su ocupación sobre estos territorios que reclama como una provincia, mientras que los saharauis aún sueñan con su independencia. El reino marroquí, que cuenta con el apoyo de Estados Unidos (ya que ésta potencia le ve como un aliado por su islamismo moderado) no sólo ambiciona los fosfatos y el petróleo del Sáhara, sino que encara el problema como una cuestión de orgullo nacional y, según algunos observadores, como una manera de distraer a sus propios súbditos de los problemas internos del país.

En 1975, la conocida “Marcha verde”, en la que 350.000 civiles marroquíes avanzaron sobre la entonces colonia española, fue el detonante para que Madrid abandonara a su suerte al Sáhara Occidental. Años antes, el gobierno español, siguiendo las recomendaciones del Comité de Descolonización de la ONU , había decidido organizar un referéndum, que nunca llegó a celebrarse, para que la población saharaui decidiese su futuro.

El 27 de febrero de 1976 las tropas españolas abandonan el Sáhara, y el Frente Polisario proclama entonces la República Árabe Saharaui Democrática, declarando la guerra a Marruecos y a Mauritania, que habían acordado repartirse el territorio saharaui. En 1979 Mauritania firma la paz con el Frente, abandonando la zona que le correspondía, y el reino alauita aprovecha la situación para ocuparla, pasando a controlar la mayor parte del territorio. La resistencia de los saharauis se concentra entonces en una pequeña parte del país, aunque tiene su centro operacional en la región argelina de Tinduf. En esta zona también se instalan los campamentos de refugiados que huyen del conflicto, que cuentan actualmente con unos 200.000 habitantes.

La ONU se involucra con efectivos militares creando la Misión de Naciones Unidas para el referéndum en Sáhara Occidental, que se encargará de la supervisión del proceso electoral. Uno de los principales puntos de fricción entre ambas posiciones es determinar la población que tiene derecho a votar en él, ya que numerosos colonos marroquíes se han establecido en ese territorio desde su invasión por parte del ejército de Rabat. La situación sigue desde entonces estancada, las cuatro proposiciones barajadas por la ONU para poner fin al conflicto han sido rechazadas desde uno u otro bando. La primera de ellas: el 'Plan de Arreglo Inicial' que prevé la celebración del referéndum de autodeterminación es boicoteado constantemente por Marruecos.

El 'Acuerdo Marco' que es partidario de convertir al Sáhara en una autonomía bajo soberanía marroquí, es rechazado por el Frente Polisario. Otra de las propuestas es la partición del territorio, opción que los saharauis estarían dispuestos a considerar, aunque no los marroquíes; y la cuarta, que significa la puesta en evidencia de Naciones Unidas, consiste en abandonar el conflicto a su libre albedrío.

A las anteriores hay que sumar la propuesta presentada por James Baker, representante durante un tiempo de Naciones Unidas para el Sáhara y sustituido en la actualidad por Álvaro de Soto, consistente en una solución 'mixta': Un periodo de autonomía de cuatro años que finalice con un referéndum en el que el 65 % de los electores serían colonos marroquíes. Este porcentaje es rechazado por el Frente Polisario, puesto que ven esta propuesta como una nueva versión del 'Acuerdo Marco'.

En octubre de 2004 el Consejo de Seguridad de la ONU decidió por unanimidad prorrogar la misión desplegada en el Sáhara Occidental hasta el 30 de abril de 2005, tal y como pedía el secretario general, Kofi Annan. La misión está formada por 227 personas para vigilar el alto el fuego entre las partes.

Un informe del máximo responsable de Naciones Unidas mostraba su descontento por el estancamiento en las negociaciones para alcanzar un acuerdo definitivo de paz entre Marruecos y el Frente Polisario, que permita la libre determinación del pueblo saharaui. En marzo de 2006, el rey Mohamed VI defendió un proyecto de autonomía para el Sáhara tras declarar que es imposible aplicar el plan de la ONU para solucionar el contencioso. Un año después, Marruecos y el Frente Polisario volvían a presentar sendos planes ante la organización: Rabat, insistiendo en la soberanía marroquí; el Polisario, en la necesidad de un referéndum como condición para abrir las negociaciones «entre los dos estados».

Aunque la historia nos toca muy de cerca, muchos parecen haberla olvidado. El 14 de noviembre de 1975 España firmaba un acuerdo tripartito con Marruecos y Mauritania por el que se entregaba a estos dos países la antigua colonia del Sáhara Occidental, después de casi un siglo de presencia española en la zona y sin tener en cuenta los derechos ni los deseos de sus pobladores. De la noche a la mañana el Sáhara Occidental pasó de manos españolas a marroquíes, forzando al éxodo a unos 200.000 saharauis que desde entonces sobreviven como pueden en el más desolado pedregal del desierto argelino.

Con esta terrible monotonía discurren los días para el pueblo saharaui. Y así desde hace 28 interminables años. Una vida muy distinta a la nómada que tuvieron en los antiguos territorios, aunque la colonización    española   y  la   creación de

asentamientos junto a la costa cambiaron sustancialmente sus métodos de vida. Se calcula que de los 75.000 saharauis censados por la administración colonial española, sólo un 20% vivía del pastoreo nómada de sus rebaños en el momento de la descolonización.

Por desgracia, la solución política al conflicto sigue enquistada en los pasillos de la ONU. Mientras tanto, todo un pueblo –muchos de cuyos integrantes tuvieron DNI español–sigue soportando el más terrible de los destierros en la más desolada esquina del Sáhara. El Estado español es, histórica y políticamente, responsable de la colonización sufrida por el pueblo del Sáhara Occidental, al haber ocupado y explotado sus recursos durante más de un siglo. Esa responsabilidad no terminó el 14-11-1975, cuando se firmaron los “Acuerdos Tripartitos de Madrid” que representaron el incumplimiento de todos sus compromisos, y la entrega del territorio y de sus habitantes a Marruecos y Mauritania.

Los diferentes Gobiernos de la democracia no han asumido ni han cumplido su compromiso histórico con el Pueblo saharaui, y se alejan cada vez más de su responsabilidad nacional e internacional en la actual situación del conflicto. El Estado español tiene una asignatura pendiente, y una deuda histórica, moral y política con el Pueblo saharaui; no podemos hablar de libertad, justicia o democracia en nuestro país hasta conseguir poner fin a tantos años de sufrimiento de este pueblo, y concluir con un proceso de descolonización que dejamos sin cerrar.

Las tropas marroquíes siguen ocupando un territorio que invadieron por la fuerza. Marruecos se niega a cumplir las resoluciones aprobadas por la ONU y pretende sencillamente anexionarse el Sáhara. Y el Gobierno habla de “diplomacia activa”, mientras contribuye a mantener la ocupación ilegal del territorio, con la venta de armas y la firma de tratados de pesca y convenios preferenciales con Marruecos, que afectan directamente al Sáhara ocupado.

Represión de los territorios

Desde la cesión del Sáhara Occidental a Marruecos y Mauritania, “se han registrado más de 2.000 desapariciones forzadas, de las que 526 personas aún permanecen en paradero desconocido”. De todas estas personas en paradero desconocido “el 70% llevaba la nacionalidad española jurídicamente”. Treinta años esperando el referéndum.

En el marco del movimiento de descolonización, la ONU proclamaba en 1965 el derecho a la autodeterminación del Sáhara Occidental e instó a España a que agilizara el proceso de descolonización. Es en este contexto donde se habla por primera vez de referéndum para la autodeterminación del Sáhara, esta vez propuesto por España que fijó como fecha para su celebración el año 1975. En esos momentos comenzaron las presiones de Marruecos para ralentizar el proceso de independencia   que desembocaría  en   los

Acuerdos Tripartitos de Madrid y la entrega del Sáhara, por parte de España, a Marruecos y Mauritania. Es entonces cuando se produce la Marcha Verde y los saharuis tienen que salir al exilio comenzando el conflicto bélico que duraría 15 años. En 1991, año de finalización del conflicto armado, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas crea un Plan de Paz y la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO) que controlaría el alto el fuego entre las partes. El referéndum que tenía que celebrarse en 1992 quedó paralizado porque Marruecos no estaba de acuerdo con el censo elaborado. En 1997 con los Acuerdos de Houston se reactiva el Plan de Paz y se fija la fecha del referéndum para 1998. Esta vez tampoco hay acuerdos en el censo que elabora la MINURSO. Después se fijaría el 31 de julio del 2000 para la consulta, y así hasta llegar al Plan Baker II de 2003, que Marruecos rechaza y que desemboca en la dimisión de James Baker, enviado especial de Kofi Annan.


Reconocimiento Internacional

Meses después de los Acuerdos Tripartitos de Madrid y de la Marcha Verde , el Frente Polisario, movimiento de liberación saharaui, proclamó el nacimiento de la República Árabe Saharaui Democrática, el 27 de febrero de 1976 en Bir Lehlu, territorio liberado en un momento marcado por la guerra con Marruecos y Mauritania. El primer gobierno de la RASD se constituyó el 4 de marzo del mismo año asumiendo la faceta política, mientras el Frente Polisario se centraría en la guerra con Marruecos. El Uali Mustafa, líder nacionalista saharaui y cofundador del Frente Polisario, sería su primer presidente hasta su muerte meses después. Mohamed Abdelaziz ocupa este cargo desde 1982.

La República Árabe Saharaui Democrática es reconocida actualmente por más de 80 países entre los que se encuentra Sudáfrica, México, Bolivia, Venezuela, Colombia, Panamá, Costa Rica, Kenia y Uruguay. Además de un centenar de países que mantienen relaciones políticas con ella a través de su reconocimiento al Frente Polisario. También es miembro de pleno derecho de la Unidad Africana (antigua OUA) desde 1984.

Nacidos sin patria

Actualmente, y desde hace demasiado tiempo, algunos jóvenes Saharauis afirman estar tan cansados de su situación que ya casi no tienen ganas de opinar o de seguir luchando por su causa, y es que los campos de refugiados poco o nada pueden ofrecer a las nuevas generaciones que terminan sus estudios y que aspiran a una vida mejor. Los jóvenes que tienen la suerte de estudiar fuera de los campamentos vuelven a ellos y no tienen nada que hacer. Mientras tanto, las organizaciones internacionales como el ACNUR recortan más cada año los presupuestos. Y sin embargo la demanda social aumenta entre los refugiados, desde que en 1991 se firmara el alto el fuego entre Marruecos y el Frente Polisario, y terminara con ello la movilización masiva de jóvenes para la guerra. Las organizaciones humanitarias atienden a necesidades básicas de alimentación y salud, pero los refugiados tienen también otras inquietudes y quieren prepararse para el futuro, por incierto que éste pueda parecer.

Actualmente las cosas no parecen haber cambiado mucho para estos refugiados. El presidente del actual gobierno español, José Luís Rodríguez Zapatero, dio su aprobación al plan autonómico de Marruecos para resolver el conflicto del Sáhara Occidental, pese a la rotunda oposición del Frente Polisario y al Plan Baker de la ONU , que aboga por la celebración de un referéndum que Mohamed VI se niega a aceptar. Zapatero se alineó, de este modo, con las posturas marroquíes, rompiendo con el neutralismo tradicional de la diplomacia española. Mientras tanto, pasan los años de exilio sin una resolución clara en el horizonte para el pueblo Saharaui. Para algunos, las esperanzas se disipan y se ahogan en el desierto.


1- Solamente con dar un paseo por los campos de refugiados Saharauis se puede constatar la enorme presencia de proyectos humanitarios financiados por ONG's e instituciones españolas para la mejora de las condiciones de vida.

2- Desde la cesión del Sáhara Occidental a Marruecos y Mauritania, "se han registrado más de 2.000 desapariciones forzadas, de las que 526 personas aún permanecen en paradero desconocido", advierte el texto, que recuerda al Gobierno español que de todas estas personas en paradero desconocido "el 70% llevaba la nacionalidad española jurídicamente". Treinta años esperando el referéndum.

3- Las organizaciones humanitarias atienden a necesidades básicas de alimentación y salud, pero los refugiados tienen también otras necesidades y necesitan prepararse para el futuro. Mientras, pasan los años de exilio sin una resolución clara en el horizonte para el pueblo Saharaui, las esperanzas se disipan con los años y sólo les queda el desierto.

4- La 'marcha verde', en la que 350.000 civiles marroquíes avanzaron sobre la entonces colonia española, fue el detonante para que Madrid abandonara a su suerte al Sáhara Occidental. Años antes, el Gobierno, siguiendo las recomendaciones del Comité de Descolonización de la ONU, decidió organizar un referéndum para que la población saharaui decidiese su futuro, que nunca llegó a celebrarse.

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