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Chiemsee, cielo en el fuego
Reportaje de Rocío López Iñigo

Nunca había disfrutado tanto mirando al cielo. Los colores se mezclaban en una danza continua que me envolvía en la calidez del fuego ardiente, en rojos, naranjas, amarillos, ¡dorados!... Todos ellos lejanos, en la línea del horizonte, mientras despedía el astro solar un día más... Todos ellos en oposición al este, donde el frío y distante violeta se reflejaba en las aguas del Chiemsee... Y toda esta exposición artística del cielo, donde los ángeles pintan sus más bellas obras de arte, en un momento, un punto álgido, que muere en su mayor gloria para dar lugar a la noche oscura.

El sábado temprano me puse en marcha junto con unas amigas para visitar el lago Chiemsee, el llamado mar de Baviera. Esperaba pasar un día tranquilo y disfrutar del contacto con la naturaleza junto a mis compañeras de viaje. Pero me sorprendió encontrar tanta belleza.

Cogimos un tren en Munich (capital de la región bávara), que nos dejó en una hora en el pequeño pueblecito de Prien am Chiemsee, que linda con el lago. Tras 10 minutos andando, llegamos por fin a nuestro destino. En un principio me pareció insulso y sobrestimado. Los “domingueros” (como nosotras, todo hay que decirlo), paseaban por un pequeño camino que había a las orillas del lago y se sentaban para aprovechar los últimos rayos de sol que esta estación dejará en la región. Y para los más “arriesgados”, una piscina de agua caliente a las orillas del lago. Una delicia si no estuvieras rodeado de otras cincuenta personas, que como tú, han decidido pasar el día a remojo. Nada personal. Nada especial. Pero que nos atrae irremediablemente.

Nosotras, un poco aturdidas por lo que veíamos, decidimos explorar un poco los alrededores para encontrar un poco de “acción”. Poco a poco nos fuimos introduciendo en un pequeño bosque a la linde del lago. Y así, descubrimos encantadores (y privados, claro) embarcaderos, donde ¡por fin!, verdaderamente, se podía disfrutar del silencio que la naturaleza ofrecía. Sentadas en un pequeño banquito en uno de los más recónditos muelles, la tranquilidad nos invadió. Sólo el ruido de los patos chapoteando sobre el agua rompía el reposo que nos envolvía. Desde donde nos encontrábamos, podíamos ver Herreninsel (Isla de los Caballeros), la isla principal que se encuentra sobre el lago. Es la más grande de las que hay y donde Luís II de Baviera mandó construir un palacio que aspiraba ser un nuevo Versalles, pero que se quedó en un intento, al no llegar a terminarse, debido a la muerte del monarca en 1886. Tras este descanso que la naturaleza nos ofreció, decidimos volver a nuestro punto de partida y coger un barco que nos llevaría a las dos islas principales: Herreninsel y Fraueninsel (Isla de las Damas). Durante el viaje, el sol se reflejaba sobre las aguas del lago, y aunque había una ligera brisa, fresca, el sol calentaba suficiente para hacer posible la travesía en la parte exterior del barco. Es por esto que recomiendo visitar Chiemsee en un día soleado, con luz, pues la temperatura en las islas es también menor. Aunque no me querría perder tampoco los paisajes que este lugar puede ofrecer en invierno, con las intensas nevadas que esta estación trae consigo en Baviera. Eso sí, un buen abrigo y el resto del equipo de frío, sería imprescindible.

Llegamos a nuestro primer destino, Herreninsel, y nos dirigimos directas al palacio. Éste me decepcionó bastante, pero quizá por la falta de flores y vegetación en los jardines, lo que los convertía en pobres y grises. No me decepcionó en cambio el camino hacia él. Por unos senderos desolados, alejados de los hombres, nos adentramos en un bosque de mil colores. Precisamente porque es otoño, las hojas, justo antes de desprenderse irremediablemente, ofrecen su último suspiro de vida, sus mejores galas... Caminar por esta arboleda me hacía pensar en los cuentos de hadas, cuentos de aventuras, de princesas en apuros... Y realmente nos sentíamos transportadas a esa época medieval y mágica. Esperábamos que en cualquier momento un pequeño duende, un gnomo o un apuesto caballero con su armadura y estandarte apareciesen en medio de la más frondosa espesura. La vuelta al barco, en cambio, la hicimos por otro camino, el cual también disfrutamos, pues el sol comenzaba a ponerse y comenzaba a dar las primeras notas, las primeras pistas sobre el festival de color que se iba a producir en el cielo. Las montañas nevadas a lo lejos hacían un precioso contraste con los árboles desnudos de algunas zonas, la todavía verde pradera y el dorado Sol que se despedía poco a poco... Así, nos embarcamos de nuevo hacia Fraueninsel, donde la escena final se iba a representar. En el barco, mirábamos al horizonte, en el que se perdía el difuso, apagado, débil reflejo del cielo violeta en el agua.

Las líneas eran suaves y delicadas, y una frágil neblina mantenía el halo místico y mágico de tal momento. En contra posición, con un giro de cabeza de 180 grados, en dirección al oeste, el sol se escondía tras las montañas, e iba dejando los colores más poderosos, más fuertes, más energéticos... Era como vislumbrar dos paisajes completamente distintos, de dos momentos distintos, pero compactos en un mismo instante, en un mismo lugar. A nuestra llegada a la isla, nos encontramos con una mayor cantidad de personas de las que habíamos visto hasta entonces. Pero no por ello decayó el hechizo del lugar. De hecho, esta segunda isla nos pareció encantadora, pequeña pero mucho más auténtica que la anterior. Había pequeños restaurantes y un Hofbräu (característica cantina alemana, donde disfrutar de una buena cerveza y comida típica de la región, especialmente de Baviera) con mesitas en el exterior. El único problema, cuando llegamos, sobre las cinco y media, estaban cerrando el Hofbräu. Pero todavía era posible sentarse a disfrutar de una cena romántica en alguno de los restaurantes, a las puertas del crepúsculo de la noche. Sin embargo nosotras decidimos echar un vistazo final al cielo, sentarnos en el pequeño muelle que había en la zona oeste de la isla y admirar el cielo por última vez... No podía creer tanta belleza y, ser tan afortunada de estar allí, en ese momento, en ese lugar para poder contemplarlo...


• Cómo ir

Una vez en Alemania, se pueden reservar los billetes de tren a través de la web www.bahn.de
Gracias al Bayerisches ticket puedes moverte por toda Baviera. El ticket no es individual, sino un pack para 5 personas y cuesta unos 28 euros.

• Más información

www.chiemsee.de (en alemán)
www.alemania-turismo. com/ESN/a_donde_ir/master_ tlregion-id104.htm


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info@fronterasdepapel.com