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Diego Rivera, en el Palacio Nacional de México

Mercè Criado

Diego Rivera (1886-1957), el gran muralista mexicano, es quizás más conocido por haber sido el marido adúltero de la maltrecha y desafortunada pintora Frida Kahlo, que por su obra. Sin embargo Frida Kahlo era prácticamente una niña cuando se enamoró perdidamente del genial pintor, ya consagrado en su país, y con el que se casó 7 años más tarde. Ironías de nuestra sociedad actual, al igual que irónico e imposible es el nombre de este pintor: Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez... Pero lo que es imposible de olvidar es el impacto que te provocan algunas de sus obras, en especial los famosos murales que decoran el Palacio Nacional de la ciudad de México DF.

 

 

En sus períodos en España, Francia e Italia, Rivera se dejó impregnar por uno de los movimientos clave de las Primeras Vanguardias artísticas: El Cubismo. Nunca lo adoptó plenamente por las limitaciones que le imponía, a pesar de la gran influencia que tuvo que provocar en él su amistad con Juan Gris y Pablo Picasso. Pero es inevitable el rastro cubista en los rostros y en el esquematismo de las figuras -entendido muy al modo de Constantin Brancusi-, aunque los brillantes colores y la luz de esta tierra mexicana no pudieron por menos que aplastar la reducida gama cromática cubista de beiges y castaños.

Comunista declarado, su temática del Palacio Nacional no podía ser otra que la reivindicación de sus orígenes. Estos murales se realizaron en diferentes épocas. El primero te sorprende apenas alcanzas el piso superior del corredor. Fue pintado en 1929 y se centra en la historia de México.  Le siguieron 3 fases más a lo largo de la rica trayectoria del artista.

 

Durante los dos últimos años de la 2ª G.M. el tema elegido fue el México prehispánico. En 1951 se centró en los productos originarios de México: el maíz, el cacao, el tomate, ...  Y en 1954, tras morir Frida -su tercera y última esposa- desarrolla el tema de la llegada de los conquistadores españoles, revisión obligatoria de la historia de México. En estos últimos murales la crítica mirada de Rivera nos lleva hasta las atrocidades provocadas por las huestes castellanas en aquellas tierras en nombre de “la cristiandad” o, mejor dicho, en nombre de “San Oro” y “San Poder”.

La muerte del pintor dejó inconclusos varios proyectos, entre ellos esta historia de México del corredor del Palacio Nacional, proyectos que se referían a Cuauhtémoc, a la época virreinal, a la de la Independencia y al momento actual.

 

 

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