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Ladakh: un mes en el paraíso

Por Núria Borràs - Fotos: Lluís Bono


Cuando los vaivenes de un viaje te dejan en un lugar de paisajes fascinantes, sin ruidos ni contaminación, donde sus gentes sonríen al verte y una paz espiritual se respira en el aire, ¿qué puedes hacer, más que abandonar tu planificada ruta y dejarte llevar?

Esto es lo que hicimos en Ladakh.


Ladakh desde Tsemo Gompa

Escondido entre los pliegues del Himalaya, sus paisajes son muros de piedra con oraciones grabadas, monasterios budistas que se encaraman por las colinas, banderas de oración bailando al viento.

Precioso gompa Thiksey
Mujeres en Lamayuru

En este paraíso dejamos que el tiempo pasara sin contarlo, sin prisas, sin planes. Y entonces, las cosas sucedieron: las charlas con los monjes, las risas con los comerciantes cachemires, las cenas con nuestros anfitriones. Parecía que los astros se hubieran alineado para obsequiarnos cada día con algún agradable momento.

El día en que preguntamos dónde podíamos ver una puya (una ceremonia con oraciones y cantos tradicionales) nuestra anfitriona respondió sin dudar: “En nuestra casa dentro de 3 días. Estáis invitados”. Es así como suceden las cosas en Ladakh.

El lama prepara el altar, todo está listo
Preparando las figuritas de ofrenda o chotpa

La mañana de la celebración, la abuela nos esperaba en el jardín. Me agarró del brazo y nos llevó hacia el piso superior. Abrió con cuidado la puerta de una de las habitaciones y, cuál fue nuestra sorpresa al encontrarnos a 5 monjes que nos miraban perplejos. Les bastó un julley -hola en ladakhi- para estallar a reír y continuar con su labor. Modelaban unas figuritas de harina y mantequilla llamadas chotpa. Cuando hubieron terminado, las colocaron en el pequeño altar de la habitación contigua, donde todo estaba preparado: frente a una estatuilla de Buda, las ofrendas de flores, de arroz y de fruta. Quemaba el incienso y las velas de mantequilla. De repente, un sonido ensordecedor de trompetas roncas retumbó sobre nuestras cabezas. En el balcón de la casa, dos monjes hacían resoplar unas largas trompetas tibetanas. Era la señal de que la puya iba a empezar.

La puya va a empezar

8 horas de oraciones

Se sentaron ante unas mesas bajas en la postura del loto y nos invitaron a pasar. Se hizo un silencio y el lama comenzó a recitar. Una voz gutural, profunda, llenó la habitación. Se unieron uno a uno los monjes, en un sonido melódico e ininterrumpido, precioso. Traté de atraparlo todo en mi cuaderno, mientras los mantras se repetían una y otra vez a un ritmo hipnótico. Tuve que parar, apartar el bloc y respirar profundamente, pues me pareció que estaba entrando en otro mundo.

Cuando nuestras piernas adormecidas reclamaron la vuelta a la normalidad, abandonamos el pequeño templo. Los monjes estaban tan absortos en su meditación, que no apartaron los ojos de su librillo. Abajo se oían risas. En la cocina, la anfitriona y sus cuñadas faenaban cortando verduras, amasando harina, removiendo los guisos. El marido desmenuzaba la vianda que serviría para rellenar los momos, unas empanadillas de influencia tibetana. Esta era la otra parte de la celebración, así que nos remangamos y les ayudamos. Trabajamos sin pausa durante 6 horas, acompañados por el eco de las oraciones, que nunca cesó.

El resto de la familia llegó al caer el sol, justo cuando los monjes recitaron el último mantra. Lo hicieron frente a la puerta de la casa, donde nos aplegamos todos los presentes para recibir la bendición del lama. Esparció humo de ciprés y nos roció con agua aromatizada.


En familia

Finalmente llegó la cena, el punto culminante del festejo. Sentados sobre alfombras, 22 almas compartimos el suelo del comedor, plato en mano, para engullir las delicias que habían sido preparadas durante el día: sopa, estofados, curris... Nos hicieron sentar entre los abuelos. Fuimos los siguientes en servir, recibimos los siguientes mejores platos, los siguientes mejores postres. Con el postre vinieron los juegos con los niños, la tertulia y aquella noche se alargó en una “sobremesa” sobre alfombras tan cálida y acogedora, que esta familia nos hizo sentir parte de ella.


Novicio

Puerta de un templo, a las afueras de Ladakh

web del autor
www.mesenlla.com (información práctica)
www.mesenllatravel.blogspot.com (Blog de viajes)
www.pelscaminsdelmon.blogspot.com
(Blog personal)



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